El año litúrgico comienza con el tiempo del adviento, término que significa advenimiento o hacia la venida; procede del verbo venir. En el lenguaje religioso pagano, adventus indicaba la venida periódica de Dios y su presencia teofánica en el templo. Es, pues, retorno o aniversario. Desde el punto de vista cristiano, adventus era la última venida del Señor, al final de los tiempos. Pero al parecer las fiestas de la navidad y epifanía, significó también la venida de Jesús en la humildad de la carne. Estas dos venidas (la de Belén y la última) se consideran como una única venida, desdoblada en dos etapas. Esta doble dimensión de espera caracteriza todo el adviento.
Adviento es el tiempo litúrgico que precede, como preparación, a la fiesta de navidad. Nació en el siglo IV con tres semanas de duración, a imitación de la cuaresma, o de las tres semanas de preparación pascual, exigidas por el catecumenado. La duración del adviento variaba, según las iglesias, entre tres y seis semanas. Se caracterizó en unos sitios por la penitencia (las Galias) y en otros por la alegría (Roma). En todo caso, el aspecto de la espera prevaleció sobre el de la preparación.
Los pueblos del antiguo oriente tenían muy desarrollados los valores comunitarios. Tanto que para salvaguardarlos prodigaban los pactos o contratos (berith) que creaban vínculos muy estrechos entre sus miembros.
Los Israelitas, una vez fijadas por Moisés su experiencia religiosa (=yahvismo), decidieron ratificarla con un pacto solemne entre el pueblo y la divinidad. El escenario fue el Sinaí, donde los hijos de los patriarcas juraron fidelidad a Yahvé a cambio de su protección y ayuda. Sólo entonces tuvo el pueblo fuerza para iniciar la conquista de un territorio presuntamente prometido por la divinidad a su primer ancestro, Abrahán. Una vez conquistado el país cananeo, la alianza sinaítica se reafirmó en Siquén. A partir de entonces, toda la experiencia religiosa de Israel se cimentaría sobre esa alianza con la divinidad dándose con ello origen a una auténtica teocracia, que la instauración de la monarquía puso en peligro más de una vez. Por ello los profetas no cesan de recurrir a ella siempre que el pueblo olvida sus compromisos religiosos. (Ver. Catecismo de la Iglesia Católica # 62 -64).
Fuente: "Diccionario abreviado de pastoral" (extractos), Casiano Floristán y Juan José Tamayo. Edit. Verbo Divino
Año litúrgico, año del Señor o año cristiano es la celebración cíclica del misterio de Cristo por la asamblea de creyentes a lo largo del día, semana y año. Tiene, tres referencias: la comunidad cristiana (iglesia), el tiempo con sus acontecimientos (historia) y el misterio central de la salvación (Cristo). "Durante el curso del año, afirman las normas oficiales sobre el año litúrgico, la iglesia conmemora todo el misterio de Cristo, desde la encarnación hasta el día de Pentecostés y la expectación de la venida del Señor". (Ver. Catecismo de la Iglesia Católica # 1163 - 1164).
Fuente: "Diccionario abreviado de pastoral" (extractos), Casiano Floristán y Juan José Tamayo. Edit. Verbo Divino
Los apócrifos son un conjunto de escritos judíos o cristianos que, a pesar de su contenido religioso, nunca fueron aceptados como fuente de revelación divina, pues no se les supone inspirados por Dios. Durante los primeros siglos del cristianismo circularon casi siempre de forma subrepticia (apokriphos= escondido, secreto), siendo utilizados por grupos minoritarios que con frecuencia incurrieron en portes heréticos. Siendo tal el flujo de la literatura apócrifa, se tiende a clasificarla de acuerdo con sus temáticas.
Este concepto (apostolos= enviado) es muy común en los escritores griegos, quienes los aplican a los emisarios, embajadores o simples representantes. La tradición neotestamentaria sugiere que Jesús en un principio reservó tal título a los "doce". Quizá pretendiera presentarlos como retoños de las doce tribus de Israel.
Después de la resurrección, se pone un gran interés por conservar el número "doce" en el apostolado. Pero muy pronto se comienza a emplear en un sentido más amplio, siendo Pablo quien posiblemente rompe el módulo primigenio. No sólo se presenta a sí mismo como apóstol, aun cuando no forme parte de los "doce", sino que asocia en el ministerio a sus más íntimos colaboradores e incluso personajes secundarios dentro de la promulgación del kerigma primitivo.