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SINE

SISTEMA INTEGRAL DE NUEVA EVANGELIZACIÓN

DIOCESIS DE CARTAGO

EL SINE UN RETO PARA EL FUTURO DE LA IGLESIA

Apoyados en la iluminación bíblica y doctrinal que nos ha abierto perspectivas pastorales para el cumplimiento de la misión de la Iglesia, en la línea de la Nueva Evangelización y estimulados por el serio acercamiento a la realidad cultural, religiosa, social y del pueblo de Dios de nuestra Diócesis, desde el 15 de Abril de 2005, hemos optado por una estrategia pastoral que bus¬ca responder a las siguientes necesidades fundamentales:

1. Renovar la fe de nuestro pueblo (sacerdotes, religiosos y laicos) para fortalecer el encuentro personal y comunitario con Cristo, mediante el anuncio kerigmatico de la salvación.

2. Llevar el mensaje de la salvación a todo el pueblo de Dios, mediante la participación de toda la Iglesia diocesana.

3. Crear un ambiente propicio para que cada cristiano viva su fe y la fortalezca en el seno de pequeñas comunidades eclesiales.

4. Que cada parroquia llegue a ser una comunidad de comunidades evangelizadas y evangelizadoras, suscitando el deber apostólico de todo el Pueblo de Dios.

5. Que esta estrategia evangelizadora se apoye permanentemente en el dinamismo misionero de la Iglesia.

DEFINICION

El Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE) es una estrategia pastoral de toda la Iglesia particular de Cartago para anunciar sistemáticamente a todos los hombres y mujeres de hoy, con el poder del Espíritu Santo, a Jesucristo, revelación plena del amor del Padre, quien nos ha salvado del pecado y para establecer de manera progresiva el Reino de Dios en cada persona, en la nueva cultura y en la vida social, formando comunidades evangelizadas y evangelizadoras.

CRITERIOS

Un criterio es una norma para discernir y juzgar la ver dad. En nuestro contexto se trata de las normas o principios directivos que encauzan la realización del Proceso. La Diócesis de CARTAGO en su nuevo empeño pastoral se orienta por los siguientes criterios: Fidelidad: al mandato de Cristo, a la acción del Espíritu Santo por la oración y a la Palabra de Dios. Eclesialidad: Es un criterio de comunión y partici¬pación; es estar en comunión con el Papa y el Magisterio, con el Obispo y con el presbiterio. Esta eclesialidad comprende: responsabilidad de todos, unidad de criterios, vivencia de una liturgia sacramental, pastoral de conjunto y compromiso de formar pequeñas comunidades. Misionariedad: Es la permanente preocupación que tiene la Iglesia de llegar con el Evangelio a todos las personas y a todos los lugares.

La misionariedad implica: que se tenga gran ardor apostólico y santidad de vida (Cf. SD 28), que el anuncio sea para todos, con preferencia para los alejados, que los evangelizados sean evangelizadores y que se viva en estado de misión per¬manente.

Ministerialidad: El Espíritu Santo suscita en su Iglesia diversidad de ministerios y carismas para el bien espiritual de la misma comunidad (Cf. 1Cor 12).

Esto implica de una parte discernimiento (Cf. ChL 19) y apoyo a los dones y carismas del Espíritu en la comunidad para ponerlos al servicio de todo el pueblo de Dios, y de otra comprometer el mayor número posible de laicos (SD 101).

Actividad perseverante: Es el acompañamiento dinámico y permanente que requiere este proceso. Se debe tener un ritmo paciente y sostenido en el camino de la conversión, acompañando y animando constantemente a los agentes, para que se sientan estimulados desde la fe en aquellos momentos en que surja el desaliento (Cf. Gal 6,9-10; 2Tes 3,15-17).

Para llevar a cabo este proceso es necesario arriesgarlo todo, aunque los obstáculos sean tan grandes como en las comunidades primitivas. Tenemos la confianza puesta en el Señor quien nos dice, como a sus apóstoles, “no temáis” (Mt 28,10; Cf. Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Ed. Norma, p. 223). Esta perseverancia acoge y respeta los valores presentes en la religiosidad popular para dirigirla hacia la conversión (SD 240).

Responsabilidad: Es la necesidad de que todos, a nivel diocesano y parroquial; asumamos la tarea ineludible de hacer llegar el Evangelio a todos los ámbitos vitales del hombre (familia, colegio, fábrica; vereda, el deporte...). La responsabilidad lleva a favorecer entre los agentes de pastoral relaciones vivas, directas y comunitarias en el proceso de fe (Cf. Ef 6,17).

Creatividad: El SINE, bajo la acción del Espíritu Santo, debe “emplear la imaginación para que, de manera pedagógica y convincente el Evangelio llegue a todos” (SD 29). Debemos ser audaces y recursivos para utilizar los medios que la técnica y la ciencia nos proporcionan en una cultura dominada por la imagen (Cf. Ídem).

Integralidad: Dar todo a todos de una manera encarnada, es decir, cumplir completamente el encargo dejado por el Maestro a la comunidad eclesial (Mt 28,19-20). Esto supone el respeto por la totalidad del mensaje y de la persona, o sea, tener cuidado de no mutilar el Evangelio imponiéndolo a las gentes desde intereses particulares descuidando la salvación integral del hombre.

FUERZAS Para que el proceso pueda realizarse de una manera integral es necesario contar con las siguientes fuerzas:

La Palabra de Dios: El Santo Padre pide en el discurso Inaugural de Santo Domingo (n. 9) «que las Sagradas Escrituras nutran cada vez mas la vida de los fieles, para lo cual se hace imprescindible que los agentes de pastoral profundicen incansablemente en la Palabra de Dios, viviéndola y transmitiéndola a los demás con fidelidad, es decir, teniendo muy en cuenta la unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe)) (Cf. 2Tm 3,14-17; DV 12).

La Liturgia y los Sacramentos: “La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza. Es especialmente por la liturgia como el Evangelio penetra en el corazón mismo de las culturas” (SD 34.35; Cf. SC 10). Una de las expresiones culturales más genuinas del hombre y de la liturgia es la música; “la tradición musical de la Iglesia constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas” (SC 112), dándole fuerza evangelizadora a la liturgia.

La oración animada por la Palabra de Dios: La comunidad eclesial “encuentra el sentido ultimo de su convocación en la vida de oración, alabanza y acción de gracias que cielo y tierra dirigen a Dios “por sus obras grandes y maravillosas” (Ap 15,3). La acción profética no se entiende ni es verdadera y autentica si no parte de un real y amoroso encuentro con Dios que atrae irresistiblemente (Cf. Am 3,8; Jr 20,7-9; Os 2,16s). “La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El (CC 2560).

La Virgen Maria: Maria es “la Estrella de la Evangelización" (EN 82), a cuya protección encomendamos el proceso que se quiere realizar en nuestra Diócesis (Cf. Lc I ,39ss; (SD 303).

El Magisterio de la Iglesia: El Magisterio, es ante todo, un servicio querido por el Señor mismo para la propagación y la conservación de la Palabra, bajo la especial asistencia del Espíritu Santo. El Magisterio está al servicio de la Palabra de Dios, “la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, (...) y la propone como verdad revelada por Dios para que sea creída” (DV10). Así; el Magisterio es el lugar donde “sana doctrina” (Cf. Tt 1,9; 2,1; 2Tm 4;2ss) es guardada y proclamada con fidelidad por aquellos que están revestidos de autoridad, ya que Jesucristo ha confiado a los Apóstoles y a sus sucesores, es decir; al Papa y al colegio episcopal, la misión de enseñar la doctrina revelada.

Gracias a este Magisterio se genera “unidad de fe de comunión> (LG 18) en la Iglesia (Cf. 1Tm 6,3). Es fundamental en la vida de la Iglesia el servicio que prestan los exegetas y teólogos para hacer más comprensible la verdad revelada. En efecto, ellos “deben trabajar, aunando diligentemente sus fuerzas, para investigar y proponer la Escritura divina, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio, con los instrumentos oportunos” (DV 23)

La Parroquia: Es la “comunidad de comunidades y movimientos, ella acoge las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta a la comunión, participación y misión, ella es la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad» (SD 58; Cf. ChL 26).

Los Religiosos: Las religiosas y religiosos constituyen una fuerza fundamental en nuestro proceso. En efecto, ellos, "por la vivencia fiel de los consejos evangélicos participan del misterio y de la misión de Cristo, irradian los valores del Reino, glorifican a Dios, animan la propia comunidad eclesial e interpelan a la sociedad" (SD 85). “De singular fecundidad evangelizadora y misionera es la vida contemplativa; ella testimonia con toda su vida, la primacía de lo absoluto de Dios” (SD 86).

El testimonio personal y comunitario: El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de evangelización (Cf. RMi 42-43), es decir, la proclamación del mensaje de salvación mediante las obras y la coherencia de vida, llevando a cabo así su encarnación en la historia cotidiana de los hombres... Por eso la Nueva Evangelización exige coherencia de vida, testimonio compacto de la caridad, bajo el signo de la unidad, para que el mundo crea (Jn 17,23)” (Cf. Juan Pablo II, Discurso Inaugural. SD 29; SD 29, 33; Act 4,32-35). “Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir; mediante un testimonio vivido en fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra: de santidad” (EN 41).

La Religiosidad popular: Ella, “con sus extraordinarios valores de fe y de piedad, de sacrificio y solidaridad” (Juan Pablo II, Discurso Inaugural SD 12) se constituye en una fuerza que garantiza y sostiene el sentido religioso del hombre predisponiéndolo al mensaje de la salvación.

Los movimientos apostólicos: Estos “se constituyen en un buen medio para aprender a vivir la fe en estrecha comunión con la vida y con la proyección misionera” (SD 48), según su carisma. Algunos laicos, sedientos de Dios, sintiendo la necesidad de compartir su fe y ante el reto del secularismo, del ateismo e indiferentismo religioso, se agrupan en torno a la Palabra, a la oración, al servicio y a la mutua edificación, convirtiéndose en una fuerza generadora de significativos fru¬tos en la Iglesia (Cf. SD 10)

La fe de los mayores: Los primeros evangelizadores "testimoniaron, con su vida y con su palabra, la humanidad que brota del encuentro con Cristo. Por su testimonio y su predicación, el numero de hombres y mujeres que se abría a la gracia de Cristo se multiplicó “como las estrellas del cielo, incontables como las arenas de las orillas del mar (fib 11,12)" (Juan Pablo II, Discurso Inaugural de SD, 3) También es muy valioso el aporte que han legado a la evangelización y a la catequesis la fe vivida por nuestros abuelos, muchas veces con grandes sacrificios.

Igual consideración mere-cen los testimonios de numerosas familias donde sus padres han sido y siguen siendo primeros educadores en la fe. Tampoco ha sido poca Ia labor de los maestros, quienes, desde la escuela y el colegio, abonaron el corazón del hombre para el Evangelio. Gracias a muchos de ellos hoy somos hijos de la Iglesia.

La homilía: Es un instrumento valido, apto y eficaz para la evangelización. Pero es necesario poner en práctica todos los medios de que se disponga para hacer que ella cumpla realmente su cometido: anunciar la Palabra del Señor en el preciso momento histórico (Cf. EN 43).

Los Medios de Comunicación Social: Son una importante ayuda para que el Evangelio llegue a todos los niveles de la vida humana; por esto, se debe “intensificar la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación” (Discurso Inaugural de Santo Domingo, 23; Cf. SD 29; EN 45), siendo audaces en el uso de cuantos medios de comunicación estén a nuestro alcance (Cf. SD 29).

AGENTES El Espíritu Santo: es el agente principal de la evangelización (Cf. Act 2,17; 4,8; 9,31; EN 75). La comunidad diocesana: Esta comprende: El Obispo diocesano y su presbiterio: “no hagáis cosa alguna sin contar con el Obispo; mas aun, someteos también al colegio de los presbíteros; como a los apóstoles de Jesucristo, en quien hemos de encontrarnos en toda nuestra conducta” (San Ignacio de Antioquia a los Tralianos, II,2; Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 1567-1568, SD 25,33) (Cf SD 67), los diáconos (Cf SD 25); las religiosas y los religiosos (Cf SD 85); los laicos, llamados a “ser protagonistas de Ia Nueva Evangelización, la Promoción humana y la Cultura Cristiana» (SD 97; Cf nn. 103 y 293).

“Que nadie, sin contar con su Obispo, haga nada de cuanto atañe a la Iglesia... donde quiera que aparezca el Obispo, allí esta la Iglesia» (San Ignacio a los Esmirniotas, VIII, 2).

El Párroco: “El, bajo la autoridad del Obispo, santifica y rige la porción de la grey del Señor que se le ha confiado” (LG 28). El es quien, como padre, engendra el nuevo rostro de la Iglesia. El párroco es el alma de la realización del SINE en su parroquia. El debe formar y asociar a los laicos en esta tarea.

Vicarías: Las cinco vicarías de nuestra diócesis son un instrumento de comunión y participación por medio de las cuales las diferentes parroquias, en torno a un vicario, se unen para la oración, la programación pastoral y la revisión de vida. El Seminario: Es allí donde el futuro pastor primeramente debe conocer y amar a Jesucristo en un espíritu comunitario, discerniendo cada día el llamado a ser pastores de la nueva Evangelización, capaz de vivir en comunidad y de conformar pequeñas comunidades evangelizadas y evangelizadoras (Cf PDV 60) P. Fabio Jaramillo Cardona Coordinador en la Diócesis de Cartago



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